Cómo elegir la mejor estrategia según tu situación, con ejemplos prácticos
El modelo Thomas-Kilmann, creado por Kenneth Thomas y Ralph Kilmann en los años 70, es una herramienta reconocida para comprender y gestionar los conflictos entre personas. Este modelo identifica cinco estilos principales para afrontar los conflictos, basados en dos dimensiones: la asertividad (defender tus propios intereses) y la cooperación (buscar el beneficio de la otra parte). Los estilos son: competir, colaborar, complacer, evitar y comprometerse.
Aplicaciones prácticas y recomendaciones
La mejor estrategia depende siempre del contexto, de lo que está en juego y de la importancia de la relación con la otra parte. Aquí tienes algunos ejemplos prácticos que te pueden ayudar a identificar cuándo conviene cada estilo:
- Ceder o Acomodarse
A veces, ceder no es perder, sino ganar en aspectos más importantes: como cuidar una relación, evitar discusiones que te dañan o demostrar generosidad. Ceder no significa rendirse, sino saber cuándo lo esencial está por encima del conflicto.
Ejemplo real:
Una mamá tenía un conflicto con el papá de sus hijos por el régimen de visitas. Legalmente, podía exigir más restricciones, pero cada vez que lo hacía, la tensión aumentaba y los niños sufrían. Me buscó porque no quería seguir peleando, pero tampoco sabía cómo ceder sin sentirse débil. Conversamos sobre lo que realmente le importaba: que sus hijos estuvieran bien y que no vivieran en medio de una guerra. Decidió ceder en algunos puntos, no por obligación, sino porque entendió que su paz y la de sus hijos valía más que ganar la discusión. El acuerdo fue más tranquilo, y la relación con el padre mejoró. Los niños lo sintieron de inmediato.
- Evitar o Evadir
No todo se soluciona enfrentando el problema directamente ni de inmediato. En ocasiones, dejarlo pasar o esperar es lo más sensato. Si el tema no es grave, si sabes que no vas a ganar, o si intervenir solo te traerá más problemas, es mejor no actuar por impulso. Elegir cuándo intervenir y cuándo no, también es proteger lo que te importa.
Ejemplo real:
Una señora recibió comentarios desagradables de una vecina en la reunión del condominio. Se sintió humillada y pensó en denunciarla de inmediato. Me llamó muy alterada, con ganas de “hacer algo ya”. Conversamos con calma. Le pregunté qué quería lograr, qué riesgos veía, y si valía la pena entrar en un conflicto legal por eso. Al final, entendió que no era un caso grave, que no había pruebas sólidas, y que meterse en eso solo iba a aumentar el estrés. Decidió no actuar por impulso. Esperó, observó, y más adelante pudo resolverlo con una conversación tranquila. A veces, evitar también es protegerse.
- Competir o Imponer
Hay cosas que no se pueden negociar: tu respeto, tu dignidad y tu seguridad. Si alguien cruza ese límite, no hay que ceder ni quedarse callado. Es el momento de defenderse con claridad y firmeza, utilizando las herramientas adecuadas.
Ejemplo real:
Una mujer sufría maltrato psicológico por parte de su pareja. Durante años pensó que “no era tan grave” y que lo mejor era evitar conflictos. Pero llegó un momento en que se sintió rota, sin fuerzas y con miedo de seguir callando. Me buscó para saber si podía hacer algo, aunque no sabía por dónde empezar. Le expliqué sus derechos, las medidas de protección disponibles y cómo iniciar un proceso legal sin exponerse. Tomó la decisión de actuar. Solicitamos medidas cautelares, y logró salir de esa situación con apoyo legal y emocional. No fue fácil, pero entendió que defenderse no es pelear: es cuidarse.
- Transar o Negociar
Cuando lo que quieres es importante, pero no lo único que te importa, negociar es la mejor opción. De este modo, ambas partes ceden un poco y todos ganan algo. Es la forma más rápida de llegar a un acuerdo justo, evitando conflictos largos y desgastantes. A veces, conversar bien vale más que discutir.
Ejemplo real:
Un cliente tenía un conflicto con su expareja por las visitas de su hijo. Él quería pasar más tiempo con el niño, pero no quería ir a juicio ni dañar la relación. Estaba frustrado pero también cansado de discutir. Le propuse que negociáramos. Lo ayudé a ordenar sus ideas, qué era lo más importante para él y cómo plantearlo sin atacar. Preparamos una propuesta clara y se la presentamos a la abogada de ella. Ella también tenía cosas que le importaban, y al final ambos cedieron un poco. Lograron un acuerdo justo, sin juicio, sin gritos, y con un plan que cuidaba al niño.
- Colaborar
No siempre se trata de ganar o perder, sino de encontrar soluciones válidas para todos. En vez de centrarse en quién tiene razón, el objetivo es construir un acuerdo nuevo donde ambas partes se sientan satisfechas. Esa es la esencia del “ganar-ganar”.
Ejemplo real:
Dos hermanos heredaron una propiedad, pero no se ponían de acuerdo: uno quería vender, el otro no. Ya estaban peleando, y uno de ellos me buscó, cansado y con miedo de que todo terminara mal. En vez de ir directo a juicio, propuse que conversáramos con apoyo legal. Trabajamos en una solución que respetara lo que cada uno necesitaba: uno se quedó con la casa, el otro recibió un pago justo. No hubo juicio, no hubo quiebre familiar.
En resumen, conocer estos estilos y saber aplicarlos te permitirá afrontar los conflictos de manera más inteligente, eligiendo la estrategia más adecuada para cada situación y cuidando tus relaciones y bienestar.
- por Miguel Letelier
- en Marzo 24, 2025
