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Sobre mí

Abg Miguel Ángel Letelier Fuica

Les quiero contar una historia personal que me llevó a hacer lo que hago hoy. Seguramente es muy parecida a la de ustedes. Mi mamá no terminó preparatoria y mi padre - vendedor comisionista - tampoco. Pero crecí pensando que la educación era la oportunidad que yo tenía para lograr mis objetivos en la vida y desde niño me esforcé para estudiar, aunque no creía que mi coeficiente intelectual no era superior al promedio contaba con un arma poderosa: la capacidad para sobreponerme una y otra vez a los problemas. La educación y mi inquebrantable capacidad para mejorar fue lo que me permitió lograr la autoestima necesaria para cumplir mis sueños y tener una voz en mi área, el derecho.

Cuando llegué al vespertino de la Escuela de Derecho de la Universidad del Mar, trabajaba durante el día y en la noche iba a clases, trataba de entender lo posible -anotaba todo- dormía 5 o 6 horas y me quedaba estudiando en la madrugada para aprender. Allí conocí a una persona que marcó mi vida: el profesor Balbontín, gracias a su motivación e inspiración pude titularme. Después estudié diplomaturas en Mediación Familiar en la U.V. y Derecho Administrativo en la Universidad Católica. Por 5 años seguidos ejercí la docencia en Derecho de Familia y del Trabajo para la Escuela de Desarrollo Social en el Instituto Profesional AIEP. En el sector público me desempeñé como procurador de la Unidad de Adopción y de Protección de Derechos en la Dirección Regional del Servicio Nacional de Menores y como abogado sustanciando sumarios en calidad de Fiscal administrativo municipal.

Hoy, desde mi oficina particular ante tantos cambios sociales me pregunté cómo podía ayudar a mi comunidad, y pensé que lo mejor era haciéndolo desde lo que yo más sabía: afrontar problemas y buscar soluciones apropiadas.

Para mí, asesorar, es generar una “rosa de los vientos” que fije un destino confiable a cualquier persona, no importa quien sea ni de dónde venga, para que avance seguro a través de su problema y lo supere. Con flexibilidad para rectificar mi punto de vista cuando alguien me demuestra que estoy equivocado, tolerancia para respetar la manera de pensar ajena y empatía para comprender que el otro tiene sus propias creencias y que quizás tenga semillas de verdad aunque no coincidan con las mías. Herramientas que junto a la humildad son la mejor arma que tenemos para la mayor amenaza de nuestro tiempo: la ignorancia, las mentes cerradas, el odio y el miedo.

Trayectoria como abogado

Por años mi preocupación ha sido tratar de comprender por qué la mayoría de la gente cree que la solución de un conflicto en una cuestión de fuerza, de imposición y se justifica atacando o defendiéndose de la persona que a su juicio le causa el problema, y no busca el consejo de un experto primero. La respuesta la encontré en el modo cómo los abogados se relacionan con sus clientes; todo parte en la primera consulta.

Recuerdo que hace años tuve un problema legal. No sabía cómo enfrentarlo, pero estaba consciente que debía darle importancia. Entonces estaba dispuesto a pagar si quería resultados. Sin embargo, me di cuenta que no cobraban la primera consulta, me llamó la atención porque nadie trabaja sin una forma de compensación. El “consejo gratis” que recibí tuvo el mismo valor que lo que me costo: nada.

Por algo suceden las cosas, hoy cuento con la ventaja del conocimiento y la experiencia: “el que antes había sido un pasajero es ahora el capitán”.

Deseo que tu problema se supere: sin importar el que sea. Tienes que tener la confianza que yo me esforzaré para ayudarte. Si necesitas consejo, busca expertos, y págales. El consejo gratis que recibirás en todo momento de colegas y “amigos” tendrá el mismo valor que lo que te cuesten: ¡nada!

¿Por qué asesorarse conmigo?

Por años mi preocupación ha sido tratar de comprender por qué la mayoría de las personas cuando tienen un problema, piensan que la solución pasa por atacar o defenderse de la persona que, a su juicio, se lo causó. La respuesta la encontré en el modo como los abogados se relacionan con sus clientes, y esto parte en la primera consulta.

Recuerdo que hace años tuve un problema legal. No sabía cómo enfrentarlo, pero estaba consciente que debía darle importancia. Entonces estaba dispuesto a pagar si quería resultados. Sin embargo, me di cuenta de que la mayoría no cobraba la primera consulta. Me pareció curioso porque nadie regala su trabajo. En la primera “consulta gratis”, el “consejo” que recibí tuvo el mismo valor que lo que me costó: nada.

Ahora soy abogado. Tengo experiencia y los problemas no me intimidan. Deseo que tu problema se supere y ten la seguridad de que me esforzaré por ayudarte.

Consciente de las fisuras y carencias del sistema jurídico pensé que algo podría hacer en beneficio de mis clientes. Y surgió la idea de crear un servicio de asesoría que guiara a las personas en todo el desarrollo de su problema a través de tres ejes: orientación consejería y defensa.

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