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COMO AFECTA LA CRITICA DESTRUCTIVA A LOS NIÑOS

Muy temprano en la vida, como resultado de una equivocación que los padres cometen en la crianza los niños, estos comienzan a aprender hábitos y patrones negativos. Estos comportamientos nacen de la crítica destructiva de sus padres. Estas comienzan muy temprano en la vida, a veces en los primeros meses y la usan los padres para dirigir y controlar a sus hijos, desafortunadamente tienen un efecto muy peligroso y dañino sobre ellos ya que tiende a minar su integridad. Muchos de ustedes incluyéndome a mí, nos hemos visto minados y heridos por la crítica destructiva de nuestros padres. Como resultado de ella, comenzamos a desarrollar hábitos y patrones negativos, que no son otra cosa que respuestas condicionadas a los estímulos. 

En los inicios de la vida comenzamos a desarrollar dos manifestaciones que nos persiguen durante toda nuestra vida y más que ninguna otra cosa inhibe nuestro potencial.

La primera es el patrón de hábito negativo inhibido. Se aprende cuando al niño le dicen una y otra vez ¡aléjate de ahí!, ¡no toques eso!, ¡cállate!, ¡tonto!, ¡no haces nada bien!, se le tira el pelo o la oreja o se le pellizca. Cuando el niño intenta algo nuevo, se involucra con algo o rompe accidentalmente una cosa, el padre estalla y se enoja mucho. Cómo ven, el niño está impulsado por la curiosidad insaciable de explorar su mundo y si el padre reacciona retando o golpeando al niño, él comenzará a pensar que cada vez que intente algo nuevo diferente, cada vez que va más allá de sus límites le golpean, le castigan o le envían a su pieza, se siente mal y muy pronto desarrollará el sentimiento de ¡no puedo!, ¡no puedo!, ¡no puedo!. Es como el condicionamiento clásico o pavloviano, tipo de aprendizaje  básico, en el que un organismo responde a un estímulo ambiental, originariamente neutro, con una respuesta automática o refleja. Pavlov, sonaba la campana y le daba de comer a un perro, siguió haciendo eso y después solo sonaba la campana y el perro salivaba. Algo similar al condicionamiento, pasa en la vida adulta con la critica destructiva, es lo que se llama temor al fracaso. Es una respuesta condicionada a un proceso de crítica destructiva que ocurre en los primeros 5 o 6 años de la vida. El temor al fracaso es la razón principal por los fracasos en la vida adulta, es la razón que evitamos cumplir plenamente nuestro potencial.

De hecho, todos los patrones de hábitos negativo se experimentan en el cuerpo físico, ¿ha tenido ocasión donde debe hablar frente a un grupo, dónde debe ir a una revisión de su desempeño, debe hacer una llamada determinante? primero, su plexo solar se aprieta (se siente cómo un dolor en el abdomen) si el temor continúa, su respiración se acelera, su corazón comienza a latir apresuradamente y le duele la cabeza como migraña en la parte frontal, su garganta se cierra, no puede hablar y se le seca la boca y cómo se pone tan tenso y asustado va corriendo al baño. Estas son todas las manifestaciones, no hay peligro físico, pero sí peligro psicológico una respuesta condicionada. Cuando sentimos estas cosas la tendencia es retirarse de la situación que las ocasiona y es la razón por la que no logramos mucho y retrocedemos.

El segundo patrón de hábito negativo es el compulsivo.  Se aprende cuando a los niños se les dice una y otra vez ¡más vale que lo hagas!, ¡si no lo haces, tendrás problemas! o ¡me las pagarás!, a los niños se les convierte en recipientes del amor condicionado. Los padres no intentan hacer esto, pero lo que hacen es sugerirle al niño ¡no te amo! por lo tanto, no está a salvo a menos que hagas lo que yo quiero. El niño crece sintiendo ¡tengo que hacer lo que quiere mi mamá!, debo complacerla, debo complacer a papá, debo complacer a los demás, debo complacer a mis parientes y a veces debo complacer a todo el mundo y crecen con este ¡debo!, ¡debo!, ¡debo!. No puede hacer lo que quiere hacer, debe hacer lo que complace a las demás personas. Este patrón de hábito negativo muy temprano en las personas se traduce en el temor al rechazo. Se experimenta como una necesidad compulsiva de complacer de algún modo a alguien prácticamente sin pensarlo. El temor al rechazo nos hace muy sensibles a las necesidades de los demás, hacemos cosas que otras personas quieren, no hacemos lo que nosotros queremos, siempre estamos tratando de complacer a los demás, tenemos preocupaciones o nos importan las opiniones, sentimos las actitudes de otros hasta el punto donde ocultamos nuestras necesidades. El temor al rechazo se siente en la columna del cuerpo, en los hombros y en el cuello, nos sentimos entumidos, duros, tensos, a menudo nos darán dolores de cabeza.

Estos dos temores el compulsivo y el inhibitorio son resultado de la crítica destructiva, el gran exterminador de la personalidad, que nos persigue durante toda la vida.

Pero, entonces ¿cómo controlar a los niños? una de las claves es dirigirlos para que hagan algo constructivo, lo que significa que si su hijo está haciendo algo malo, dele algo mejor que hacer, porque si lo critica destructivamente su autoestima bajará y la habilidad para desempeñarse también.

“Si crítica en forma destructiva un niño demasiado tiempo llegará a un punto donde no intentará nada”

Se convierte en lo que se llama hipersensible. Una persona hipersensible es aquella que no puede aceptar las críticas de nadie, es una persona muy tensa, ansiosa, si siquiera se sugiere que no está haciendo lo correcto.

Papás y mamás, no olviden que la clave para el máximo desempeño de sus hijos es hacer que se sientan maravillosamente consigo mismos. Por otra parte, entre más ustedes se agraden, más probable será que las personas a su alrededor los quieran, los respeten y los acepten.